Escalar la montaña de Al Qarah

Aventura en las cuevas

Escalar la montaña de Al Qarah

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Desde la imponente cima de la montaña de Al Qarah, la traducción del árabe de los nombres de los lugares de la región cobra un nuevo significado. Al Ahsa, el nombre de la gobernación, significa «arroyos susurrantes» y Hofuf, el nombre de la ciudad más importante, se traduce como «viento que silba». Aquellos que escalen esta meseta de piedra caliza podrán escuchar dicho viento mientras contemplan el verdor exuberante del oasis.

Sin embargo, la recompensa por llegar a la cima no es solo el viento abrasador, sino las maravillosas vistas al oasis más grande del mundo, una fuente de vida que ha resultado ser esencial en el desarrollo de Al Ahsa a lo largo de los años.

 

El ascenso hasta la cumbre

A 25 minutos en coche al este de Al Hofuf y en dirección al parque nacional de Al Ahsa se encuentran la montaña y la localidad de Al Qarah, pero se pueden ver mucho antes de llegar. La cima se alza 75 metros sobre el nivel del suelo, unos 205 metros sobre el nivel del mar, pero no requiere un gran esfuerzo alcanzarla para contemplar las extraordinarias vistas panorámicas de 360 grados sobre Al Ahsa.

No obstante, hay que tener cuidado durante el ascenso a cualquier parte de la montaña. Un guía con experiencia le dirigirá por caminos seguros y le mostrará las rutas más recónditas. Otra opción es preguntar al personal del lugar, que estará encantado de señalarle la mejor ruta para alcanzar la cima.

Vistas al oasis de Al Ahsa

Vistas al oasis de Al Ahsa

Desde lo alto podrá ver este oasis esmeralda entre la arena. Los más de 160 km de oasis acogen la mayor parte de las palmeras de Al Ahsa, que se calcula que son tres millones. Se puede apreciar plenamente el auténtico milagro del terreno, ya que nos permite comprender cómo han podido sobrevivir las aldeas, que surgen de la montaña como hojas de palmera, durante milenios.

Estas palmeras, sus frutos y los depósitos de agua dulce y cristalina que fluyen por debajo del oasis son las razones por las que Al Ahsa pudo albergar civilizaciones anteriores al surgimiento del islam. Las pruebas arqueológicas de algunos de estos asentamientos, de los más antiguos de la península arábiga, datan ya del año 5.000 a. C.

La clave de la supervivencia a los largo de las milenios ha sido cómo los humanos han interactuado con el entorno, colaborando con la naturaleza en lugar de luchar contra ella. Porque además de producir cinco toneladas al día de los mejores dátiles Khala del mundo, estas palmeras también funcionan como protectoras, constituyendo una barrera que protege las casas y granjas de las habituales tormentas de arena.

Explorar las cuevas

Explorar las cuevas

La montaña de Al Qarah se encuentra en el extremo oriental de la meseta Shadqam, que conduce a Kuwait e Irak por el norte y al desierto de Rub al-Jali por el sur. Su red de cuevas es el resultado de un fenómeno conocido como meteorización subaérea, en el que son la lluvia y los ríos los que dan forma a la roca caliza en lugar de las aguas subterráneas. El resultado es la singular forma tipo champiñón de la montaña, los estrechos cañones y los altos pasajes interiores.

Al igual que ocurre con los cúmulos, buscar caras entre las cuevas es una actividad divertida para compartir con los niños mientras recorren los serpenteantes recodos y recovecos que se entrecruzan en la montaña.

Otra particularidad de las cuevas es la forma en el que las paredes altas, la fría piedra caliza y la agradable brisa se combinan para regular la temperatura, consiguiendo que estas grutas sean frescas en verano y cálidas en invierno. Esta favorable rareza hace que las cuevas sean un destino turístico muy visitado durante todo el año, por no hablar de que son un lugar excepcional para avistar aves en la época de migración y brindan la oportunidad de ver abubillas, abejarucos, ruiseñores y bulbules.

 

Museo e instalaciones

Con las últimas reformas para hacer las cuevas más accesibles se han añadido la iluminación y el pavimento, mientras que el Museo «Tierra de las civilizaciones» ofrece una excelente síntesis de la historia antigua de la zona. Entre las leyendas locales se incluye el supuesto papel de la montaña en las vidas de los reyes de Dilmún y el profeta Abraham. Fuera hay una serie de estructuras talladas relacionadas con la historia de Adán e información exhaustiva sobre los logros en términos de agricultura y regadío de Al Ahsa.

También hay una mezquita, una cafetería y una tienda de regalos. Varias zonas están adaptadas para sillas de ruedas. El complejo abre a las 08:00 todos los días y cierra a las 21:00 de lunes a viernes y a las 22:00 los fines de semana. La entrada cuesta 50 SAR (unos 13,32 $).

No hay que olvidar llevar gafas de sol, porque aunque la temperatura de las cuevas protege del sol, en la superficie hay pocas zonas a la sombra. La roca refleja el sol radiante como si fuera un espejo, creando un halo blanco que aumenta el misticismo de la montaña.

Viaje de forma responsable

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